Eu sou por Natureza feito para meu próprio bem; não para meu próprio mal.

Dos Ensinamentos Áureos de Epicteto.


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domingo, 3 de agosto de 2014

SOBRE PSEUDÔNIMOS 01

O pai do adolescente Neftali Ricardo Reyes Basoalto era contra sua atividade poética. "Não concordava em ter um filho poeta", segundo declaração do próprio poeta. Neftali adotou então, aos 14 anos, um pseudônimo, para encobrir a publicação de seus primeiros versos. O sobrenome escolhido pertencia a um grande escritor checo, Jan Neruda. Assim, Neftali Ricardo Reyes Basoalto transformou-se em Pablo Neruda. Com esse pseudônimo se tornou famoso no mundo todo e recebeu o prêmio Nobel de Literatura em 1971.
É importante assinalar que o poeta adotou o pseudônimo como seu nome legal, à semelhança do que fez Luiz Inácio da Silva, o presidente Lula, que legalizou seu apelido, também de fama internacional.

quinta-feira, 31 de julho de 2014

POEMA 20 — Pablo Neruda

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos".

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oir la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa, que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.